• octubre 26, 2011



     Soñado

    Estaba muy oscuro para estar tan caluroso, o tal vez muy caluroso para estar tan oscuro. Una de las dos esta en lo correcto. Me puse en cuclillas en la oscuridad detrás de la débil protección de maleza del arbusto de creosota, sudando toda el agua que había en mi cuerpo. Estuve quince minutos en el auto se había ido del garaje. No había luces encendidas. La puerta estaba abierta por dos pulgadas, dejando que el refrigerador haga el trabajo. Pude imaginar la sensación del húmedo, frío aire sopando a través de éste. Ojalá pudiese alcanzarlo desde aquí. Mi estómago gruñó, y me agarré mis abdominales para amortiguar el sonido. Había demasiado silencio como para que el murmuro se escuchara. Tenía tanta hambre. Había otra necesidad que era más fuerte–otro estómago con hambre escondido seguro muy lejos en la oscuridad, esperando solo en la áspera cueva que era temporalmente nuestro hogar. Un lugar diminuto, dentado con una roca volcánica. ¿Qué iba a hacer si no volvía? Toda la presión maternal con nada de conocimiento o experiencia. Me siento tan odiosamente indefensa. Jamie tenía hambre. No había otra casa cerca que ésta. Estuve observando desde que el sol todavía estaba brillando en el cielo, y no pensaba que hubiese un perro, tampoco. Me levanté de mi posición agachada, mis pantorrillas gritaban en protesta, pero me mantuve encorvada, tratando de ser más pequeña que el arbusto. La subida era de suave arena, una pálida senda en las luces de las estrellas. No había sonidos de autos en la carretera. Sabía que ellos iban a darse cuenta cuando volvieran, los monstruos que se parecían a una buena pareja en sus precoces cincuenta. Ellos iban a saber exactamente que era, y me iban a buscar al momento. Necesitaba estar lejos. Realmente deseaba que ellos estuviesen afuera por una noche en la ciudad. Creo que es viernes. Ellos toman nuestros hábitos a la perfección, es difícil ver alguna diferencia. Lo cual es como ellos ganaron el primer lugar. La reja que estaba alrededor del patio era solo alta hasta la cintura. La pasé fácil, Silenciosamente. El patio estaba cubierto de grava, no obstante, y tuve que caminar con cuidado turnando mi peso. Logré llegar a la tabla del patio. Las persianas estaban abiertas. La luz de las estrellas era suficiente para ver que las habitaciones no habían movimiento. Esa pareja tenía un look ascético, y estaba agradecida. Era difícil para alguien esconderse. Por supuesto, eso no dejaba un lugar para esconderme, tampoco, pero si me tenía que esconder por ahí, era demasiado tarde de todos modos. Primero abrí el mosquitero, y después la puerta de vidrio. Las dos se deslizaron silenciosamente. Puse mi pie despacio en el azulejo, pero eso era sólo por un hábito. No había nadie esperando por mí allí. El aire fresco se sentía como el cielo. La cocina estaba a mi izquierda. Pude ver el destello del mostrador de granito. Tiré de la bolsa de tela de mi brazo y empecé por el refrigerador. Hubo un momento de ansiedad cuando la luz se prendió cuando la puerta se abrió, pero encontré el botón y lo sostuve con mi pie. Mis ojos estaban cegados. No tuve tiempo de adaptarme. Iba palpando. Leche, lonchas de queso, restos en un envase de plástico. Deseé que fuera el pollo-con- arroz, cosa que vi de él cuando cocinaba para la cena. Vamos a comer eso esa noche. Jugo, una bolsa de manzanas. Pequeñas zanahorias. Eso iba a estar bueno para mañana. Me apuré hacia la despensa. Necesitaba cosas para que duraran. Empezaba a ver mejor mientras agarraba mas cosas para poder llevarme. Mmm, galletas con chispas de chocolate. Estaba muriéndome por abrir la bolsa en este momento, pero me contuve e ignoré la contorción de mi estómago vacío. La bolsa se hizo pesada muy pronto. Eso iba a durarnos por una semana, sólo si teníamos cuidado. Y no me sentía como si fuese a ser cuidadosa; Tenía ganas de atragantarme. Empujé una barra de granola dentro de mi bolsillo. Una cosa más. Me apuré a ir al fregadero y llené mi cantimplora. Después puse mi cabeza debajo del flujo y tomé directamente de ahí. El agua hizo un ruido extraño cuando golpeó mi vacío estomago. Empecé a sentir pánico ahora que mi trabajo estaba hecho. Quería estar fuera de aquí. La civilización es mortífera. Miré el suelo en mi camino hacia la salida, preocupada por mi velocidad con mi pesada bolsa, que era el porque no había visto una figura negra en el patio hasta que mi mano estuvo en la puerta. Lo escuché maldecir al mismo tiempo que un estúpido grito de miedo escapó de mi boca. Giré para correr a toda velocidad, deseando que las cerraduras no estuvieran trabadas, o por lo menos no sea difícil. Ni siquiera pude dar dos pasos antes de que sus groseras manos me agarraran de mis hombros y hacerme torcer hacia atrás contra su cuerpo. Muy grande, muy fuerte para ser una mujer. Su voz grave me lo confirmó.
    “Un sonido y mueres,” amenazó bruscamente. Estaba shockeada al sentir un fino y cortante filo apoyado en mi piel debajo de mi mandíbula.
      No lo entiendo. No le tuve que haber dado una oportunidad. ¿Quién es este monstruo? Nunca he oído a alguno que rompiera las reglas. Le respondí de la única manera que podía.
    “Hazlo,” escupí a través de mis dientes. “Sólo hazlo. ¡No quiero ser un sucio parásito!”
    Esperé por el cuchillo, y mi corazón me dolía. Ese dolor tenía un nombre. Jamie, Jamie, Jamie. ¿Qué va a ser de ti ahora?
    “Limpio,” el hombre murmuró, y no sonó como si me estuviese hablando a mí. “Debes ser un Buscador. Y eso significa una trampa. ¿Qué saben ellos?”
    El acero desapareció de mi garganta, sólo para ser reemplazado por una mano más fuerte que el hierro. Podía apenas respirar debajo de su apretón.
    “¿Dónde están los demás?” me demandó, apretándome.
    “¡Sólo soy yo!” Jadeé.
    No podía guiarlo a Jamie. ¿Qué iba a hacer Jamie cuando no regresara? ¡Jamie tiene hambre! Tiré mi codo hacia su intestino–y eso realmente dolió. Sus musculos eran como hierro duro como su mano. Lo que era muy raro. Músculos como esos eran producto de una vida dura u obsesión, y los parásitos tenían eso tampoco. Él ni siquiera soltó un suspiró por mi golpe. Desesperada, clavé mi talón en su empeine. Eso lo atrapó desprevenido y se tambaleó. Puede salir, pero él agarro mi bolso, tirándome devuelta con fuerza sobre su cuerpo. Sus manos estaban nuevamente en mi garganta.
    “Llena de fuerzas por una ladrona de cuerpos amante-de-la-paz, ¿no lo crees?”
    Sus palabras no tenían sentido. Tal vez los aliens eran siempre lo mismo. Supongo que ellos tienen sus locuras, después de todo. Me giré y lo arañé, tratando de salir de su presión. Mis uñas agarraron sus brazos, pero eso solo hizo que él apretara más su presión en mi garganta.
    “Te voy a matar, inútil ladrón de cuerpo. No estoy alardeando.”
    “¡Hazlo, entonces!”
    De repente jadeó, y me pregunté si alguna de mis extremidades habían hecho contacto. No sentí ningún moretón nuevo. Él dejó mi brazo y me agarró mi cabello. Eso debía ser así. Iba a cortar mi garganta. Espere por el corte del cuchillo. Pero la mano que estaba en mi garganta se aflojó, y entonces sus dedos palparon la parte de atrás de mi cuello, ásperos y calientes en mi piel.
    “Imposible,” susurró.
    Algo golpeó el suelo con un ruido sordo. ¿Él tiró el cuchillo? Traté de pensar una manera de escapar. Tal vez si me caería. La mano de mi cuello no estaban lo suficientes fuertes para librarme. Creo que escuché donde la cuchilla cayó. Me rodó de repente. Hubo un clic, y una luz me cegó my ojo izquierdo. Jadeé y automáticamente traté por escaparme de él. Sus manos se tensaron en mi cabello. La luz fue para mi ojo derecho.
    “No puedo creerlo,” susurró. “Todavía eres humana”
    Sus manos agarraron mi cara en ambos lados, y antes de que pueda alejarme, sus labios vinieron duramente hacia los míos. Me congelé por un segundo. Nadie me había besado en mi vida. No un beso real. Sólo los besos de mis padres en mis mejillas o en mi frente, hace años atrás. Esto era algo que pensé que nunca iba a sentir. No estoy segura exactamente a que se sentía, en realidad. Había mucho pánico, mucho terror, mucha adrenalina. Subí mi rodilla con un fuerte impulso. Él sofocó un jadeo, y era libre. En vez de correr hacia el frente de la casa otra vez como él esperaba, lo me agaché debajo de su brazo y me dirigí hasta la ventana abierta. Pensé que podía correr más que él, incluso con mi carga. Tenía ventaja, y él todavía estaba hacía ruidos de dolor. Sabía donde ir–no iba a dejar un camino que pudiese ver en la oscuridad. Nunca solté la comida, y eso era bueno. Pienso que las barra de granola eran una pérdida, sin embargo.
    “¡Espera!” Me gritó.
    Cállate, pensé, pero no le respondí el grito. Estaba corriendo detrás de mí. Pude escuchar su voz acercándose.
     “¡No soy uno de ellos!”
      Seguro. Mantuve mis ojos en la arena y corrí a toda velocidad. Mi papá solía decir que corría como un leopardo. Era la más rápida de mi equipo, campeona estatal, volviendo antes del fin del mundo.
    “¡Escúchame!” Él todavía gritaba a todo volumen. “¡Mírame! Voy a probarlo. ¡Sólo para y mírame!”
    Probablemente no .Seguí corriendo.
    “¿No pensé que hubiese alguien por aquí! Por favor, ¡necesito hablar contigo!”
    Su voz me sorprendió–estaba muy cerca.
    “¡Perdón por besarte! ¡Fue estúpido! ¡Es que he estado solo por tanto tiempo!”
    “¡Cállate!” No lo dije muy alto, pero sabía que el iba a escuchar. Él se estaba acercando demasiado. Nunca había estado alcanzada antes. Empujé mis piernas más rápido. Había un pequeño gruñido en su respiración mientras aceleraba, también. Algo grande voló hacia mi espalda, y caí. Sentí la suciedad en mi boca, y estaba debajo de algo tan pesado que me costaba respirar.
    “Espera. Un. Minuto,” resopló.
    Cambió su peso y rodó encima de mí. Se puso en horcajadas arriba de mi pecho, atrapando mis brazos debajo de sus piernas. Estaba mirando mi comida. Gruñí y me retorcí tratando de salir encima de él.
    “ ¡Mira, mira, mira!” dijo. Tiró de un pequeño cilindro desde su bolsillo de su cadera y rodó la parte de arriba. Un rayo de luz se disparó desde el fin. Dio vuelta la linterna hacia su cara. La luz hacía su piel amarilla. Eso me mostró su prominente pómulo junto con una fina y larga nariz y una mandíbula cuadrada. Sus labios estaban estirados dentro de una sonrisa, pero pude ver que eran justos, para un hombre. Sus cejas y pestañas estaban descoloradas fuera del sol. Pero eso no fue lo que me estaba mostrando. Sus ojos, líquidos cristalinos de color sienna en la iluminación, brillaban no mas allá de la reflexión humana. Él rebotó la luz entre izquierda y derecha.
    “¿Ves? ¿Ves? Soy como tú.”
     
    “Déjame ver tu cuello.” La sospecha se hizo espesa en mi voz. No iba a dejarme creer que esto no era más que un truco. No entendía el punto de la farsa, pero estaba segura de que ese era uno. No había más esperanza. Sus labios se torcieron.
     “Bueno... Eso no va a ayudar en nada. ¿Es que los ojos no fueron suficientes? Tú sabes que no soy uno de ellos.”
    “¿Por qué no me quieres mostrar tu cuello?”
    “Porque tengo una cicatriz ahí,” admitió.
    Traté de retorcerme debajo de él nuevamente, y su mano atrapó mi hombro.
    “Es fingida,” explicó. “Pienso que hice un muy buen trabajo, pero la herida es horrible. No tengo ese lindo pelo para cubrir mi cuello. La cicatriz ayuda a mezclarme.”
    “Sal de encima mío.”
    Él vaciló, entonces se puso de pie en un fácil sólo movimiento, sin necesitar de sus manos. Él estiro una hacia mí.
    “Por favor no te vayas. Y, um, preferiría que no me patearas otra vez, tampoco.”
    No me moví. Sabía que el podía agarrarme si trataba de correr.
    “¿Quién eres?” murmuré.
    Su sonrisa se ensanchó. “Mi nombre es Jared Howe. No he hablado con ningún humano desde hace más de dos años, por eso estoy seguro de que debí de parecerte... algo loco para ti. Por favor, perdóname por eso y dime tu nombre, de todos modos.”
    “Melanie,” susurré.
    “Melanie,” repitió. “No puedo decirte cuan encantado estoy de conocerte”
    Agarré mi bolsa fuertemente, manteniendo mis ojos en él. Alcanzó a bajar sus manos hacia mí lentamente. Y la tomé. No me di cuenta hasta que vi mi mano voluntariamente alrededor de la suya que le creía. Él me ayudo a ponerme de pie y no soltó mi mano cuando me paré.
      “¿Ahora qué?” Pregunté cautelosa.
    “Bueno. No podemos quedarnos aquí por mucho tiempo. ¿Podemos volver a la casa? Dejé mi bolso. Tú me golpeaste en la nevera.”
    Sacudí mi cabeza. Pareció como si se hubiese dado cuenta de cuan frágil estoy, como casi por quebrarme.
    “¿Puedes esperarme aquí, entonces?” preguntó con voy gentil. “Seré muy rápido. Déjame conseguir un poco más de comida para nosotros.”
    “¿Nosotros?”
    “¿Realmente piensas que te voy a dejar desaparecer? Te seguiré aunque me digas que no lo haga.”
    No quería desaparecer de él.
    “ Yo...” ¿Como podría no confiar en otro humano completamente? Éramos familia–ambos éramos parte de la hermandad en extinción. “No tengo tiempo. Tengo tanto para ir y... Jamie me esta esperando.”
    “No estas sola” se dio cuenta. Su expresión mostraba incertidumbre por primera vez.
    “Mi hermano. Tiene sólo nueve años, y se asusta tanto cuando me voy. Me va a tomar la mitad de la noche para volver a él. No sabe si me han atrapado, Tiene mucha hambre.”
    Como si estuviese haciendo mi punto, mi estómago gruño fuertemente. La sonrisa de Jared volvió, deslumbrante como antes.
     “¿Podrá ayudarte si te doy un paseo?”
    “¿Un paseo?” repetí.
    “Te propongo un trato. Tú esperas aquí mientras busco más comida y te llevo donde tú quieras en mi jeep. Es mas rápido que ir corriendo–incluso más rápido que tú.”
    “¿Tienes un auto?”
    “Por supuesto. ¿Piensas que vine caminando hasta aquí?”
    Pensé en las seis horas que me tomó caminar hasta aquí, y mi frente se arrugó.
    “Vamos a ir por tu hermano en nada de tiempo,” me prometió. “No te muevas de este lugar, ¿Okay?”
    Asentí.
      “Y come algo, por favor. No quiero que tu estómago nos deje.” Él río, y sus ojos se arrugaron, haciendo líneas en sus bordes. Mi corazón dio un fuerte latido, y supe que podría esperar por él toda la noche. Todavía sostenía mi mano. La dejó lentamente, sus ojos no dejaron los míos. Él tomó un paso hacia atrás, y entonces se pausó.
    “Por favor, no me patees,” pidió, inclinándose hacia delante y agarrando mi barbilla. Me besó otra vez, y esta vez lo sentí. Sus labios eran más livianos que sus manos, y calientes, incluso en la cálida noche del desierto. Una bandada de mariposas, revolotearon en mi estómago y me robaron la respiración. Mis manos alcanzaron a él instintivamente. Toqué su cálida piel de su pómulo, su áspero pelo de su cuello. Mis dedos rozaron una línea de su arrugada piel, una arruga levantada justo debajo del nacimiento.
    Grité.
    Me desperté cubierta de sudor. Incluso antes de despertarme, mis dedos estaban en la parte de atrás de mi cuello, trazando la corta línea dejada por la inserción. Apenas pude detectar la débil rosada mancha con las yemas de mis dedos. Las medicinas del Médico que había usado, habían hecho su trabajo. La cicatriz mal curada de Jared nunca fue suficiente para ser un disfraz. Golpeé ligeramente la luz que estaba al lado de mi cama, esperando a que mi respiración sea más lenta, que estaba llena de adrenalina por ese sueño realista. Un nuevo sueño, pero en esencia muy parecido a los otros que me habían plagado en los meses pasados. No, no un sueño. Seguramente una memoria. Pude todavía sentir la presión de los labios de Jared en los míos. Mis manos alargándose sin mi permiso, buscando a través de las arrugadas sábanas por algo que no encontraron. Mi corazón dolió cuando se dieron por vencidas, cayendo sobre la cama, flojas y vacías. Parpadeé fuera de la inoportuna humedad de mis ojos. No sabía como mucho más que esto me pude levantar. ¿Como nadie sobrevivió en este mundo, con este cuerpo que las memorias no podían quedarse en el pasado que es donde deberían estar? ¿Con esas emociones que eran más fuertes de lo que no se podía contar que era lo que más sentía? Iba a estar exhausta mañana, pero me sentía muy lejos de dormirme sabiendo que necesitaría horas antes de poder relajarme. Podría hacer mi deber y sacármelo de encima. Tal vez me ayudaría sacar de mi mente cosas que preferiría no pensar. Rodé de mi cama y me dirigí a la computadora que estaba en el escritorio vacío. Me tomo unos pocos segundos para que se prendiera la pantalla, y otros pocos segundos para abrir mi programa de mail. En este no era difícil encontrar la dirección de la Buscadora. Tenía sólo cuatro contactos: La buscadora, el Curandero, mi nuevo jefe, y su esposa, mi Consoladora. Había otro humano con mi huésped. Tecleé, sin molestarme para saludar. Se llama Jamie Stryder; él es su hermano. Por un momento de pánico, me pregunté por su control. Todo este tiempo, y nunca había ni siquiera sospechado de la existencia del chico–no porque no era de importancia para ella, sino porque ella lo protegía con más fiereza que sus otros secretos que había revelado. ¿Es que ella tiene más secretos así de grandes, tan importantes? ¿Así de sagrados para que ella los guarde incluso de mis sueños? ¿Era tan fuerte? Mis dedos temblaron mientras que escribía el resto de la información. Creo que es un joven adolescente ahora. Tal vez trece. Ellos vienen viviendo en un campamento temporal, y creo que está en el norte de Cave Creek, en Arizona. Eso fue muchos años atrás, sin embargo. Todavía podrías comparar el mapa con las líneas que recordé antes. Como siempre, te contaré si tengo algo más. Lo mandé. Al momento que se había ido, el terror surgió dentro de mí.
    ¡No Jamie! Su voz en mi cabeza era más clara que si estuviera hablando alto. Me estremecí en horror. Incluso mientras luchaba con el miedo de lo que estaba pasando, estaba atrapada con el loco deseo de mandarle un mail a la Buscadora y disculparme por enviarle mis locos sueños. Para decirle que estuve media dormida y no presté al tonto mensaje que había enviado. El deseo no era mío. Apague la computadora.
    Te odio, la voz sonó en mi cabeza.
      “Entonces tendrías que irte,” le solté. El sonido de mi voz, respondiéndole a ella alto, me hizo estremecer otra vez.
    Ella no me había hablado en los primeros momentos que estuve aquí. No había duda que se estaba poniendo más fuerte. Justo como sus sueños. Y no había preguntas para eso. Iba a ir a visitar a mi Consoladora mañana. Lágrimas de decepción y humillación caían de mis ojos ante el pensamiento. Fui devuelta a la cama, puse una almohada arriba de mi cara, y traté de no pensar en absolutamente nada.

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